Las variedades de uva son el punto de partida de cualquier vino. Son ellas las que determinan su estructura, su aroma, su capacidad de envejecimiento y su estilo final. En Bodegas Forcada, la selección de variedades no es casual, sino el resultado de décadas de experiencia vitivinícola y de una profunda adaptación al entorno de la Rioja Oriental.
La bodega trabaja en un entorno privilegiado, en Rincón de Olivedo, dentro de la Sierra de Alcarama. Este paisaje de viñedos de altura, con suelos variados y un clima de fuerte contraste térmico, permite el cultivo de distintas variedades con una gran expresión aromática y un excelente equilibrio natural.
Entre las variedades tintas, el Tempranillo ocupa el papel principal. Es la uva más representativa de la Denominación de Origen Calificada Rioja y constituye la base de muchos de los vinos de la bodega. El Tempranillo aporta equilibrio, suavidad en boca y aromas de fruta roja madura, como cereza y ciruela. Además, su buena capacidad de envejecimiento lo convierte en una variedad ideal para crianzas y reservas.
Sin embargo, en Bodegas Forcada el Tempranillo no trabaja solo. Se complementa habitualmente con otras variedades que enriquecen el perfil del vino. Una de las más importantes es la Garnacha, especialmente en su expresión de viñedo viejo. La bodega cuenta con cepas de gran edad, algunas incluso centenarias, que ofrecen rendimientos bajos pero una calidad excepcional.
La Garnacha aporta frescura, fruta madura, notas florales y una textura sedosa que redondea los vinos. Su comportamiento en viñedos de altura es especialmente interesante, ya que permite conservar la acidez natural y evitar perfiles excesivamente alcohólicos.
Otra variedad clave es el Graciano, una uva tradicionalmente minoritaria en Rioja, pero de gran valor en los ensamblajes. El Graciano aporta intensidad aromática, notas especiadas, frescura y estructura. Su acidez natural ayuda a equilibrar vinos de larga crianza y a mejorar su capacidad de envejecimiento.
En conjunto, estas tres variedades forman la base de los vinos tintos de la bodega, creando ensamblajes complejos donde cada una aporta una función específica dentro del vino final.
En el caso de los vinos blancos, Bodegas Forcada trabaja principalmente con Sauvignon Blanc y Garnacha Blanca. La Sauvignon Blanc es una variedad internacional que ha encontrado en los viñedos de altura de la bodega un entorno ideal para expresar todo su potencial aromático. Aporta frescura, notas cítricas y un perfil muy expresivo.
La Garnacha Blanca, por su parte, es una variedad autóctona que aporta volumen, estructura y equilibrio en boca. Su presencia en los vinos blancos de la bodega permite suavizar la acidez de la Sauvignon Blanc y construir vinos más redondos y gastronómicos.
Uno de los aspectos más importantes en el trabajo de Bodegas Forcada es el uso de cepas viejas. Estas plantas, con décadas de antigüedad, tienen raíces profundas que les permiten acceder a capas más complejas del suelo. Esto se traduce en uvas más concentradas, con mayor intensidad aromática y un carácter más profundo.
El rendimiento de estas viñas es bajo, pero su calidad es excepcional. Cada racimo contiene una mayor concentración de sabor, lo que permite elaborar vinos con más personalidad y capacidad de expresión del terroir.
Además de la elección varietal, la bodega trabaja cada parcela de forma individual. Esto permite adaptar las decisiones vitícolas a las características específicas de cada viñedo, respetando la diversidad del terreno y potenciando las cualidades naturales de cada variedad.
En Bodegas Forcada, las variedades de uva no son solo ingredientes, sino la base de toda una filosofía. Una filosofía que busca expresar el origen, respetar el viñedo y transformar la materia prima en vinos con identidad propia.